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  • Cómo crear personajes memorables

    Lo que hace humana a la historia son precisamente los seres humanos, los sentimientos que sus personalidades son capaces de transmitir. Así, las comedias están repletas de personajes que no se toman nada en serio y siempre tienen ganas de pasárselo bien, los dramas presentan a personajes emotivos y torturados por su pasado, y los romances a gente que se toma muy a pecho el tema del amor.

    Lo más importante de definir la personalidad de un personaje es ser coherente durante toda la obra.

    Pasos imprescindibles

    1. Empieza con un perfil básico que incluya estas categorías: nombre, edad, género y ocupación. Estas características afectarán a las decisiones de tus personajes.
    2. Elije un buen nombre. Los nombres aunque parezca que no, influirán en la personalidad del personaje. Por ejemplo, en una historia de fantasía puedes usar nombres de la mitología griega como Aristeo.
    3. Crea una personalidad más desarrollada. Crea una historia para el personaje. ¿Qué le motiva? ¿Cuáles son sus miedos? ¿Cuáles son sus metas?
    4. Añade tu personaje a la trama. Una vez que ya conozcas a tu personaje, empieza a incluirle en tramas y descubre cómo reacciona y se expresa ante diversas situaciones.

     

    Más a fondo

    Cuando desarrollas una historia pueden ocurrir hechos que pongan  al personaje frente a una o varias situaciones. La reacción y los pensamientos de un personaje u otro no son iguales.

    Para saber cómo puede reaccionar tu personaje frente a una situación solo basta una cosa: ¡Conocerlo! Cuando piensas en un personaje, estás creando su físico, su carácter, su pensamiento... ¡su alma! Metiéndote en él, sabrás cómo hacerle hablar, pensar y actuar. Personas que has conocido en la vida real te pueden inspirar, casi sin darte cuenta. Si tienes problemas creando la personalidad de tus personajes, los signos zodiacales pueden resultar muy útiles.

     

    Cualquier personaje bien construido está hecho de varias capas. Estas capas se abren para revelar otra más interna y más compleja de lo que al principio se veía. Esto les da profundidad, les hace parecer más humanos y menos caricaturas.

    Hay que mantener esto muy presente porque puede ocurrir que conforme la historia avanza, nos desviamos y mostramos a nuestros lectores un personaje completamente distinto. El mayor problema cuando estamos con un personaje que no está bien definido es cuando caemos en los clichés. Los clichés son la manera más sencilla de reaccionar, copiando una actitud predecible frente a algo. Es sumamente fácil llegar a ellos, incluso inconscientemente así que ¡cuidado!

    Para que un personaje sea verosímil no debería ser plano, es decir, tienes que darle cierta complejidad psicológica para que no sea completamente predecible. Pueden darse en ella contradicciones, dudas, cambios de humor, flaquezas, sentimientos nobles y otros no tanto... Como nos ocurre a todo el mundo, en la realidad. Pero esos cambios y esa complejidad deben ser coherentes con el carácter que quieras imprimir a tu personaje. No puede ser perfecto ni tampoco totalmente malo, como en los cuentos.

    La experiencia

    El aspecto psicológico es importantísimo para el desarrollo de un personaje. El aspecto psicológico abarca por ejemplo los valores éticos y morales por el que rige su conducta, vida sexual, actitud frente a la vida, ambiciones,  temperamento, carácter, cualidades intelectuales o creativas…Mientras más detallado sea este apartado, más fácil será entonces conocer a tu personaje.

    El último gran engranaje para completar el mecanismo de acción de nuestro personaje es la experiencia. Todo aquello que ha hecho, de forma libre, coaccionado por otros o por las circunstancias. ¿Hay algo que el personaje ha hecho en el pasado de lo que se arrepienta? O, ¿hay algo que el personaje hizo en el pasado que le proporcionó felicidad o placer, y que ha regido su forma de actuar en el presente? Todos hemos tomado decisiones en el pasado que nos han hecho arrepentirnos, y buena parte de los conflictos actuales sobrevienen cuando estas decisiones erróneas vuelven para atormentarnos. También son estas experiencias las que conforman el carácter de nuestros personajes.

    A partir de este momento, tenemos la materia prima para desarrollar la coherencia de nuestro personaje a través de sus acciones, que es lo único que ayudará para que los lectores del libro se identifiquen con él.

    Ya puedes empezar a crearlos, saberlo todo sobre sus vidas, vivir con ellos todas las experiencias que les otorgues y mantenerlos vivos para siempre entre las páginas de tu libro y en la memoria de tus futuros lectores.